Cuando entré a Cuba como revolucionario

migracion Cuba Jose Marti La Habana 1

Acababa de llegar a la hermosa Habana de los Zafiros, un vuelo tranquilo, a medida que el avión avanzaba por la pista podía ver a obreros cubanos que trabajan bajo el sol implacable del medio día. Poco a poco nos acercábamos a la colorida terminal 3 del Aeropuerto José Martí. Estaba empezando mi sueño, por fin conocía la isla que hizo y hace vibrar política y culturalmente todo un continente.

Avanzaba por los pasillos de la terminal rumbo a la migración Cubana, el aeropuerto Martí es realmente pequeño, es casi una urna de Cristal, del otro lado del vidrio se encontraban los que se despedían de la isla. De este lado, yo, con una sonrisa de oreja a oreja, impaciente por esta nueva aventura, bajé unas escaleras eléctricas y comencé a vivir esa parte de la revolución que los revolucionarios nos negamos a ver.

- Oye tú, ¿vienes del vuelo de Bogotá?

Era la pregunta que repetían la muralla de unos 15 a 20 funcionarios. Cada uno iba tomando a un pasajero, yo seguí caminando, de pronto frente a mi se para una funcionaria, me preguntaba que vengo a hacer a la isla. Pensando que no serían más de dos minutos, sólo digo de vacaciones, cuatro días, después me voy a estudiar a México. No imaginaba yo el interrogatorio de una hora y media que me esperaba.

Empezamos por el principio, quién era, qué hacía, que iba a hacer. Me pareció apenas normal, me preguntó porque decidí venir a Cuba y no a otra parte. Mi respuesta bien clara, “me fascina la cultura cubana, admiro la inversión en deporte, educación y salud del gobierno”. A veces pienso que quizás fue mi respuesta la que levantó sospechas.

Me miró fijamente, en estos momentos se había borrado mi sonrisa de la cara, esa mirada inquisidora era capaz de quebrantar a cualquiera. Me pidió mis papeles de la universidad de Oaxaca (donde iba a hacer mi intercambio), los examinó, me devolvió la mirada y afirmó:

- Así que estudias Ciencias Sociales y Estudios Políticos, muy interesante.

- No, en realidad no. Le respondí. Estudio Relaciones Internacionales pero voy a hacer un intercambio a la facultad de Ciencias Sociales y Estudios Políticos de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

- ahí ok, ahora si me queda claro. Entonces estudias Relaciones Internacionales… …puedo pensar que la Universidad del Norte es privada o ¿no?

- Está en lo cierto, es privada.

- ¿Por qué? ¿Por qué no confiar en la educación pública brindada por el Estado? o ¿acaso en Colombia el Estado no brinda educación publica?

Le hice una breve radiografía del sistema de educación superior público de Colombia, uno que tiene que hacer mucho con muy poco y que tiene muchos enemigos que desean acabarlo. En este punto ya iban unos 20 minutos desde que el avión había aterrizado, pero había llegado a pensar que podría tener una muy buena primera conversación sobre la “realidad cubana”, a pocos minutos de mi llegada.

A pesar de esto la funcionaria seguía igual de inquisidora, me enumeró todas las virtudes del sistema de educación cubano: la gratuidad, calidad, cobertura. Características que ya conocía de antemano y que le decía admiraba mucho. Para hacer breve, hicimos un recorrido sobre esos aspectos que los revolucionarios resaltamos sobre el sistema cubano, nada que no supiera antes, igual yo también me los sabía de memoria. La sorpresa sería lo siguiente.

- Y ajá chico, te veo muy bien informado. Y ya que vienes a Cuba y que estudias Relaciones Internacionales no pensarás escribir algo por ahí de la isla. Tu sabes para tu “universidad de aristócratas” - vaya golpe que me propinó cuando me dijo esto.

- No, la verdad no tengo intensión de escribir nada, le dije. Ya en esos momentos me sentía presionado y sinceramente no me causaba nada de confianza esta señora.

- ¿Nada, ni siquiera un informe para que se den cuenta de cómo es la realidad cubana? o no sé, de casualidad perteneces a alguna ONG, prensa, ¿tienes un blog?

Confieso que con esta pregunta esos primeros minutos de repaso sobre las bondades del sistema cubano se comenzaron a ir al traste.

- No, no pertenezco a nada de eso. Mi intención para venir aquí no es más que conocer, hacerme mi opinión. Disfrutar de la cultura cubana.

Nuevamente la mirada inquisidora, miró mi pasaporte, revisó todos mis papeles. Yo cada vez me encontraba más y más ansioso, ya habían pasado unos 40 minutos. Podía ver alrededor cómo otros jóvenes mochileros que viajaban en solitario (al parecer los principales sospechosos) eran interrogados.

- Y mira, ¿tu qué traes en ese bolso? – rompió el silencio. Computadora, cámara, trípode, memorias, teléfonos celulares. ¿Cuantas de estas cosas traes?

Pase a detallar mi inventario tecnológico, ella lo escribía al reverso de una hoja, yo ya estaba demasiado nervioso.

- Ok. ¿Y alguien te viene a buscar al aeropuerto?

Con esta pregunta mis nervios aumentaron, ya no confiaba de nada en el sistema. Quizás todas esas películas que había negado de control de la oposición, prensa y televisión si eran ciertas. Lo peor era que precisamente había contactado a un chico a través de CouchSurfing, qué pensaría si le digo que contacté con un cubano por internet, seguro hubiera complicado aún más la situación.

- Sí, me viene a buscar un chico para llevarme al hostal. Atine a responder rápidamente.

- ¿Traes algo para él? – me preguntó.

- No, nada. Ni siquiera lo conozco.

- Más te vale, tengo la lista de las cosas que trajiste y con esas mismas debes dejar la isla - tremenda advertencia con un tono ya nada amable, nada conciliador, nada solidario – toma tu pasaporte, sigues por este pasillo hasta la migración.

Bastante nervioso y confuso avancé por el pasillo, tratando de poner todos mis pensamientos en orden. Me había encontrado con esa parte que esperaba no encontrar de Cuba. Pocos metros más adelante me vuelve a detener otro funcionario, está vez mucho más joven, unos 23 años a lo máximo, me pregunta qué vengo a hacer a Cuba. Le respondo que ya pasé por eso hace menos de 3 minutos, me dice que es rutina, que debo responderle a él también.

Nuevamente unos 40 minutos (y ya llevaba más de una hora y media que había aterrizado mi avión) respondiendo las mismas preguntas, mismo orden. Cuando termino aparece la primera funcionaria, el chico me dice que espere un momento. Hablan a unos pasos de mí ¿comparaban respuestas? o sólo me querían intimidar. La funcionaria se acerca a mí y me dice que pase al cubículo 5 para que me sellaran mi entrada.

Ahora sí, por fin me encontraba en Cuba. Con más y más preguntas que las respuestas que vine a buscar. Con una parte de mi herida, quizás sintiéndome engañado.

Salí al hall del aeropuerto y ahí me esperaba mi contacto de Couch Surfing, con los brazos abiertos, corrió me dio un gran abrazo, parece como si me conociera de toda la vida, una de esas grandes virtudes del cubano. Yo, aún con cara de estrés, confundido, me mira y me dice “coño, parece que el vuelo estuvo un poco retrasado, ve que te demoraste”. Miré hacia atrás a ver si la funcionaria aún me seguía.

Vamos al auto, le cuento todo lo que me pasó, que no sé, no quiero que tiene problemas. Me mira y se ríe.

- “Va siempre son así, pero perro que ladra no muerde, tu tranquilo, te la hicieron pa’ que no hicieras nada. Pero compa’e no hay nada de qué preocuparse. Como cubano son cosas a las que te terminas por acostumbrar. Ahora a disfrutar el viaje mi hermano”.

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