[Colombia] Valledupar, los acordeones de Macondo

Viajar a Valledupar, es viajar a uno de los orígenes mismos del universo Macondiano, haciendo honor al nombre del blog, partí en busca de Macondo que no es más que un retrato de la región Caribe colombiana, de las historias que sentado en las piernas de su abuelo, Gabito escuchaba atento, tratando de imaginar esos pueblos de mitos, fantasmas, soledad y nostalgia, de los que hablaba el Coronel Márquez.
 
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Porque el folclor de mi Valledupar,
donde el amor nace en mil corazones,
se eternizó en el alma del Cesar
en la alegría de mil acordeones.
Nació mi poesía. Fernando Dangond Castro
 
Si hay algo que defina esta ciudad, ubicada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña costera más alta del mundo, es su música, la alegría de sus acordeones y más aún la alegría y la amabilidad de su gente. Para el escritor Alejo Carpentier no hay un denominador más común en la identidad cultural del Caribe que la música, en sus incontables manifestaciones. En el caso de Valledupar, el vallenato, fiel retrato de la vida en el Valle.
 
Sentado en una hamaca, en el patio del hostal Provincia Valledupar, llegaban a mis oídos las notas de los acordeones y las mil y una historias que cuenta cada vallenato, porque el juglar vallenato sólo canta cuando el corazón y la realidad se lo piden y ese sentimiento lo plasma en cada canción. Éste fue uno de los hechos que más llamó la atención de Gabo al visitar estas tierras en compañía de su compae Rafael Escalona. El Carácter verídico de cada una de las canciones que cantaba su amigo y más aún, la forma en que este lo hacía, le recordaban la forma en que su abuela, doña Tranquilina, le contaba sus historias.
 
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Cuando uno camina bajo las sombras de los arboles que custodian las calles de Valledupar, no puede dejar de percatarse de la amabilidad de la gente, de que a pesar de la llegada de la modernidad, la ciudad conserva aún su ambiente de pueblo, donde todo el mundo se conoce y donde las frases comae y compae se adjudican a propios y extraños. Donde los viejos golpean con ímpetu la madera de la mesa de dominó, amenizando el juego con los recuerdos y anécdotas de antaño y donde en días de festival (y a decir verdad, cada fin de semana) los hombres salen a parrandear, mientras esperan que las mujeres mantenga la casa en pié, al mejor estilo de la paciente Úrsula con el “loco” primer Buendía.
 
Tarima Francisco el Hombre Valledupar Colombia
 
En esto aspectos cotidianos, extrapolados también en muchas canciones vallenatas. Gabo encontró el escenario y los personajes perfectos para sus novelas y más aún para su novela cumbre “Cien años de Soledad” como el mismo diría “Las principales dificultades de Cien años de Soledad fueron de tono y lenguaje. Los hechos tanto los más triviales como los más arbitrarios, estaban a mi disposición desde los primeros años de mi vida, pues eran material cotidiano en la región donde nací y en la casa donde me criaron mis abuelos”. En las siguientes entradas intentaré poner en el mapa algunos pueblos que hacen parte de la geografía de Macondo, lugares que no aparecen en las guías de viaje, ni en los tours, pero que seguramente interesarán a los amantes de las obras del hijo de Aracataca.

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