[Voces Migrantes] 5 Viajes que no quisieras emprender

Hace más o menos ya un año que me contagió el virus de querer viajar, puedo decir que he conocido gente, tanto en la ruta como en la web, que me sorprenden con sus relatos de viajes y sus aventuras. Algunos han hecho del viaje un estilo de vida, también los hay de los que encuentra en el viaje un escape a la rutina, entre estos me incluyo; los que combinan viaje y trabajo y los que viajan para aportar un granito de arena y ayudar a tantas personas en el mundo. Sin embargo hay un tipo de viajero que poco o nada se le escucha, no tiene medios por los cuales expresarse y lo peor no viaja por placer o por trabajo, no por escapar de la rutina sino de conflictos armados y pobreza, y cuyo camino se convierte a veces en un verdadero calvario.



Las siguientes historias hacen parte de la campaña “En sus zapatos” con la que ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) pretende concienciar acerca de la situación en la que (sobre)viven millones de perseguidos en el mundo, además incluyo dos canciones que retratan las odiseas que deben vivir los migrantes económicos en su viaje para cumplir su sueño americano o su rêve occidental.


Juan, 52 años, Ecuador.

"Tengo 52 años y he vivido en Ibarra (Ecuador) desde hace más de dos años. Vengo de Antioquia (Colombia), allá me obligaron a cooperar con grupos armados irregulares así que me fui de mi pueblo para Medellín con una sola maleta para no levantar sospechas. Decidí separarme de mi familia por motivos de seguridad, no los veo desde entonces. Llegué sin nada pero me las arreglé un tiempo fabricando artesanías, sin embargo, la paz es un lujo para un fugitivo de los paramilitares y me tocó irme para Bucaramanga.

A los dos años de estar en Bucaramanga las amenazas me llevaron hacia Armenia. Estallé de rabia y cuando ya hice la denuncia, me di cuenta que había firmado mi sentencia de muerte. Finalmente decidí viajar a Ecuador, donde, por primera vez en muchos años no me persiguen."
Con un pequeño fondo otorgado por el ACNUR, Juan sigue fabricando artesanías que vende en el mercado local. Actualmente se encuentra asistiendo a un curso de formación profesional en el cual elaborará un plan de negocios y recibirá un capital semilla para poder expandir su negocio artesanal.


Un viaje del Cabo a Gibraltar en búsqueda de lograr conocer eso que
nosotros llamamos libertad.


Rebecca, 40 años, México.

Tengo 40 años y soporté abusos hasta en mi propio hogar. Mi desdicha comenzó casi desde el momento en que me case con el hombre con quien creía iba a pasar el resto de mi vida. Tenía sólo 17 años. Mi esposo solía golpearme, gritarme, hacerme sentir menos persona en público e incluso abusar de mi sexualmente. Cuando estaba embarazada de gemelos, mi esposo no me permitió ver a ningún doctor. Uno de mis bebés nació muerto y el otro murió a las pocas semanas, posiblemente debido a las golpizas que sufrí durante el embarazo.

Me uní a la transitada ruta que atraviesan los migrantes indocumentados y los refugiados a través de Centroamérica y hacia los Estados Unidos. Fui detectada por las autoridades migratorias mexicanas cerca de la frontera con Estados Unidos. Fui reconocida con el estatuto de refugiada hace un año y he encontrado trabajo como asistente administrativa. Alcancé la felicidad en mi nueva vida cuando finalmente, con la ayuda del ACNUR, mi hijo pudo reunirse conmigo después de casi un año de permanecer separados. Soy una sobreviviente. No fui a una guerra, pero parece como si así hubiera sido.



Cruzando selvas y desiertos en búsqueda de un anhelado sueño


John,  15 años, República Democrática del Congo.

"En Junio del año pasado el conflicto llegó a mi pueblo, cerca de las ciudad de Betembo. Mis padres se ganaban la vida criando ganado. Tuvimos que movernos mucho por la guerra, sólo alcancé a estar en el colegio un año. Tuve que huir para salvar mi vida. Tengo dos hermanas y dos hermanos más jóvenes, pero no sé si alguno de ellos están vivos. Todo lo que sé con certeza es que mi madre y mi padre están muertos"

"No pido mucho. Lo único que quiero es un colchón y una oportunidad para aprender inglés, aunque por supuesto extraño mucho a mis hermanos y a mis padres, que fueron asesinados el año pasado en la volátil provincia de Kivu del Norte, en la República Demócratica del Congo (RDC). Al menos ahora tengo un techo gracias a Jeanette, otra joven refugiada que viene de la misma tribu que yo. Vivo con su familia de siete miembros en Nairobi. Para mí, la vida es dura. No hay trabajo, no hay escuela y no hay amigos."


Son tan sólo cinco historias de las 43 millones que deambulan errantes por el mundo, que lo único que esperan es que alguien se detenga a conocer y a intentar comprender por un momento su situación, por esta razón hoy 10 de diciembre, día internacional de los Derechos Humanos, pongámonos en los zapatos de los refugiados y demos un primer paso para entender su situación.


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