[Amazonas] Una isla infestada de micos



El plan del día era visitar Puerto Nariño, el segundo municipio en importancia del Amazonas colombiano, es conocido como el “pesebre de Colombia” ya que se caracteriza por sus jardines y por la ausencia de vehículos a motor en sus calles. Así que salí a la terraza del hostal para tomar un peque peque (canoa a motor) rumbo al muelle de Leticia,  las excursiones a mitad de semana eran escasas y las pocas que hacían ya estaban llenas, me quedé un rato en el muelle haber si salía algún tour diferente, ya Puerto Nariño quedaría para otra oportunidad. El primer plan que me propusieron fue ir a Islandia (Perú) y Benjamin Constant (Brasil) como estaba ahí para conocer, cualquier destino sería nuevo y emocionante, además ya hace tiempo me había alejado de mi itinerario, de lo que no me arrepentí en ningún momento.

Cuando íbamos hacia la lancha, mis compañeros de excursión, una familia payanesa decidieron cambiar de planes, los niños estaban interesados en ver animales y en el hotel les habían hablado de una isla “infestada” de simios.


Isla de los micos eco Turismo Colombia


La isla de los Micos es una reserva administrada por el Hotel Decameron, fue creada por un extranjero que trajo a los micos frailes de la selva continental a la isla en los tiempos en que el tráfico de especies estaba permitido, esta actitud de construirse su propio “Edén” en medio del Amazonas, es una atracción para algunos extranjeros, en mi travesía hacía la Maloka Makuna pude ver como en varios claros de la selva se colaban casas modernas en madera, en su mayoría  de suizos y alemanes que buscaban una vida alternativa en ese lugar, claro sin alejarse de las comodidades de la ciudad, en los techos de algunas casas se veían las antenas de TV satelital para no perderse el mundial.

Micos Frailes en la Isla de los micos

Debido a la sobre introducción de los micos  y su posterior reproducción, la densidad poblacional de estos primates en la isla es alta, donde quiera que se mira es posible ver varios grupos de ellos, por esto su principal atractivo consiste en alimentarlos.

El recorrido empieza, por supuesto, en la zona de alimentación de los primates, ahí te entregan una banana y un grupo de casi 80 micos bajan inmediatamente a comer, de un momento a otro te ves rodeado por ellos, se montan en hombros, cabeza y brazos, es una actividad bastante divertida y recomendada sobre todo para familias ya que los niños son los que más se emocionan con estos animalitos. No pude evitar fijarme en una niña de unos cinco años aproximadamente que levantaba timidamente la mano para llamar la atención de los simios, sin embargo cada vez que ellos se le acercaban salía corriendo hacía sus padres.


alimentando micos en la Isla de los micos Eco Turismo Colombia

Después de alimentar a los micos nos colocamos las botas para hacer el recorrido por la isla donde se pueden observar gran cantidad de mariposas, insectos y serpientes, fue el lugar donde más pude ver en todo mi viaje por el Amazonas, debido a esto el guía esta pendiente de avisarte que no las tropieces que es la única manera que ataquen, es bastante seguro caminar por la selva al contrario de lo que se puede pensar, finalmente termina siendo solo una cuestión de cuidado. A lo largo del recorrido el guía nombra las especies que nos encontramos y explica el uso medicinal de las plantas que nos cruzamos.

Cuando termina el sendero por la selva se hace un recorrido por el lago Victoria Regia, antes de montarnos a la canoa, el guía nos dijo que llovería, a pesar de que no se veían nubes a la distancia. Los indígenas de la región tienen un preciso sistema ancestral por medio del cual identifican estos cambios en el clima, es una habilidad admirable sobre todo para mí que en esos días había sufrido tanto con el tiempo tan cambiante.   El guía nos preguntó si esperábamos un poco o seguíamos, como la familia tenía prisa, continuamos el recorrido y dicho por el guía en medio del lago comenzó a llover, que bueno que antes habíamos guardado las cámaras y los celulares en una bolsa plástica, una lástima que no pude tomar fotos porque el paisaje era realmente impresionante.






Llegamos a un lugar donde no avanzaba más la canoa así que nos bajamos en el bosque inundado y comenzamos a recorrer el pantano, con el fango hasta las rodillas, a veces era muy difícil dar dos pasos seguidos, el recorrido termina después de recorrer un camino elevado en madera que lleva hasta el restaurante de la isla. Ahí otra vez me encontré a la niña que había visto en la primera parte del recorrido, esta vez, intentaba tocar el tucán de la reserva, su actitud era una mezcla de curiosidad y de nervios, siempre me preguntado qué tanta identificación con la naturaleza pueden tener los niños de hoy, si bien es un tema recurrente en clase y en televisión, pienso que  verlos en papel y tras un cristal no los hace más diferentes que los personajes ficticios de sus caricaturas. Por fin tras varios intentos la niña había conseguido tocar el tucán y había empezado a jugar con él, la experiencia de ver y sentir la magia de aquel lugar vale más que cualquier explicación o documental. Sin duda su relación con la naturaleza y con la vida, ya no sería la misma.

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